Publicado el 14 de marzo de 2025
Traspasos manuales entre áreas: dónde se van las horas
Cómo detectar los puntos donde la operación se frena sin que nadie lo note
Cuando le pregunto a una jefatura cuántas horas por semana dedica a reenviar información entre áreas, la respuesta casi siempre empieza con un "depende". Depende de la semana, del cierre de mes, de si alguien está de vacaciones. No hay cifra. Y sin cifra no hay conversación posible con dirección, porque cualquier pedido de cambio queda en el aire de las impresiones.
El problema no es que la gente trabaje mal. Es que los traspasos entre ventas, operaciones y administración se volvieron invisibles: nadie los mide porque nadie los considera trabajo real. Un correo que espera respuesta tres días, una planilla que se copia a mano cada mañana, una aprobación que solo puede firmar una persona. Todo eso suma, y no aparece en ningún reporte.
Medir antes de decidir
En talleres de dos horas con equipos medianos hacemos un ejercicio sencillo: durante dos semanas, cada persona anota los traspasos que hace o espera, con hora de inicio, hora de cierre y quién interviene. No hace falta software. Una planilla compartida alcanza, siempre que se complete el mismo día y no se reconstruya de memoria el viernes.
Al terminar el registro, el patrón suele ser claro. Aparecen tres o cuatro traspasos que concentran la mayor parte del tiempo perdido, casi siempre entre las mismas dos áreas y casi siempre por el mismo motivo: información que llega incompleta, criterios que no están escritos o decisiones que dependen de una sola firma.
Qué hacer con los datos
Con ese registro sobre la mesa, el paso siguiente no es automatizar todo. Es elegir los tres traspasos más costosos y quitarles fricción donde realmente duele. A veces alcanza con acordar un formato único de solicitud. Otras veces hay que redefinir quién aprueba qué, para que no todo pase por la misma persona.
- Un formato de entrada común para pedidos entre áreas, con los campos mínimos y sin excepciones.
- Un responsable claro por traspaso, no un área entera ni un comité.
- Un plazo acordado de respuesta, aunque sea largo, para que el que espera sepa cuándo insistir.
- Una revisión cada quince días para ver si el cambio se sostiene o se diluye.
Lo que no funciona es anunciar una transformación completa. Los equipos que arrastran procesos heredados ya escucharon ese discurso y saben que no aguanta el primer mes. Un cambio chico, medido y visible genera más confianza que un plan ambicioso que nadie puede seguir.